Desastres naturales

Desastres en Latinoamérica: una de las regiones más expuestas del mundo

Colombia, México, Perú, Ecuador, Nicaragua y Venezuela figuran entre los 25 países con mayor riesgo de desastres del mundo. Inundaciones, terremotos y huracanes azotan la región.

2024–2026 · Múltiples países

Paisaje de inundación en Latinoamérica

América Latina en el mapa mundial del riesgo

América Latina figura, junto con Asia, entre las regiones del mundo más expuestas a los desastres naturales. La combinación de fenómenos extremos —terremotos, inundaciones, huracanes, sequías y deslizamientos— con condiciones sociales y económicas vulnerables convierte a la región en un escenario de riesgo permanente.

El World Risk Report 2025, elaborado por Bündnis Entwicklung Hilft y el Instituto de Derecho Internacional de la Paz y los Conflictos Armados (IFHV) de la Universidad Ruhr de Bochum (Alemania), evalúa el riesgo de desastres en 193 países y sitúa los principales focos de riesgo en Asia y América. Filipinas, India e Indonesia encabezan el ranking, y varios países latinoamericanos figuran entre los más expuestos del planeta. El índice combina la exposición a amenazas naturales con factores de vulnerabilidad como la susceptibilidad, la capacidad de respuesta y la adaptación.

Los países con mayor riesgo

El WorldRiskIndex 2025 coloca a seis países latinoamericanos entre los 25 primeros a nivel mundial:

Colombia (puesto 4, índice 39,26). Es el país latinoamericano con mayor riesgo de desastres. El 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en Chocó dejó 335 muertos, según la UNGRD a 9 de octubre. Oxford Economics calculó un impacto directo equivalente al 0,2%-0,4% del PIB colombiano (entre 990 y 1.980 millones de dólares); el escenario más pesimista del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) elevaba las pérdidas hasta cerca de 40.000 millones, y el Gobierno colombiano las estimó de forma preliminar en unos 9.600 millones de dólares.

México (puesto 5, índice 38,96). Las crecidas de octubre de 2025 causaron 83 víctimas mortales, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). La actividad sísmica constante y la exposición a huracanes en ambas costas completan un panorama de alta vulnerabilidad.

Perú (puesto 14, índice 25,81). La temporada de lluvias de 2024-2025 dejó al menos 85 fallecidos y 9 desaparecidos hasta el 11 de marzo de 2025, según el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN). Tumbes y Piura, en el norte, estuvieron entre las regiones más castigadas.

Ecuador (puesto 18, índice 24,14). Junto con Perú, Ecuador sufrió el impacto de las lluvias persistentes de marzo de 2025, que afectaron a más de 110.000 personas entre ambos países, según la OMM.

Nicaragua (puesto 20, índice 23,60). La exposición a huracanes, inundaciones y sequías sitúa a Nicaragua entre los países más vulnerables de Centroamérica.

Venezuela (puesto 22, índice 22,12). El 24 de junio de 2026, un doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 frente a la costa del estado La Guaira dejó más de 6.000 fallecidos, según los balances oficiales. El país también está expuesto a lluvias intensas y deslizamientos: en julio de 2024, el paso del huracán Beryl desbordó el río Manzanares y causó inundaciones mortales en Cumanacoa (estado Sucre).

Lluvias e inundaciones en Sudamérica

Las lluvias extremas y las inundaciones de 2025 «acarrearon graves consecuencias humanitarias» en la región, según la OMM. Algunos de los episodios más graves:

  • Perú y Ecuador soportaron en marzo de 2025 lluvias persistentes que dejaron más de 110.000 personas afectadas entre ambos países.
  • Bolivia vivió la temporada de lluvias más severa en cuatro décadas, con más de 50 fallecidos y cientos de miles de familias damnificadas, según el Gobierno boliviano, que declaró la emergencia nacional en marzo de 2025.
  • Argentina sufrió en marzo de 2025 la inundación de Bahía Blanca, donde cayeron unos 400 litros por metro cuadrado en unas ocho horas y murieron al menos 16 personas.
  • Brasil encadena temporadas de lluvias mortales: en el estado de São Paulo, las tormentas del verano 2025-2026 se cobraron al menos 13 vidas hasta finales de enero de 2026, según Defensa Civil.

Huracanes y tormentas tropicales

La franja de México, Centroamérica y el Caribe enfrenta cada año la temporada de huracanes del Atlántico, con eventos cada vez más intensos por el calentamiento de las aguas oceánicas. En octubre de 2025, el huracán Melissa se convirtió en el primer huracán de categoría 5 registrado que tocaba tierra en Jamaica: causó 45 muertes y pérdidas de unos 8.800 millones de dólares, más del 41% del PIB de la isla, según la OMM. La organización señala la rápida intensificación de los ciclones tropicales como una de las señales del cambio climático en la región.

Los analistas del Swiss Re Institute señalaron en 2026 que, aunque el fortalecimiento de El Niño podría atenuar la actividad de huracanes en el Atlántico Norte durante el segundo semestre, «persiste el riesgo de un evento importante y costoso», y que «la tendencia alcista a largo plazo en las pérdidas aseguradas se mantiene intacta».

Factores de vulnerabilidad

La alta exposición a desastres en América Latina se ve amplificada por factores estructurales que aumentan la vulnerabilidad de la población:

  • Desigualdad social. La pobreza y la falta de acceso a servicios básicos limitan la capacidad de las comunidades para prepararse y responder ante emergencias.
  • Urbanización no planificada. El crecimiento urbano descontrolado en zonas de riesgo —laderas de montañas, riberas de ríos, costas expuestas— multiplica la exposición de la población.
  • Infraestructura deficiente. La falta de inversión en infraestructuras resilientes y sistemas de alerta temprana aumenta el coste humano y económico de cada desastre.
  • Cambio climático. Según la OMM, el deshielo de los glaciares andinos, de los que dependen cerca de 90 millones de personas para su abastecimiento de agua, agrava las crecidas a corto plazo y los riesgos a largo plazo para la seguridad hídrica. El aumento del nivel del mar amenaza a las comunidades costeras.

El papel de la solidaridad internacional

La frecuencia y la magnitud de los desastres en Latinoamérica han activado en repetidas ocasiones los mecanismos de cooperación internacional. Organismos de Naciones Unidas, el Movimiento de la Cruz Roja y numerosas ONG movilizan recursos para la respuesta de emergencia y la reconstrucción a largo plazo.

Quien quiera ayudar puede hacerlo a través de organizaciones humanitarias con presencia sobre el terreno en cada país. Y si quieres impulsar tu propia iniciativa para apoyar a una comunidad afectada, puedes crear una campaña en Donation Pool, con información clara sobre el destino de los fondos.

Construir resiliencia

La experiencia de las últimas décadas muestra que la inversión en prevención es la estrategia más eficaz para reducir el coste humano y económico de los desastres. Los sistemas de alerta temprana, los códigos de construcción sismorresistentes, la planificación territorial rigurosa y la educación comunitaria son pilares fundamentales.

La OMM insiste en que «las señales de un clima cambiante son inequívocas en toda América Latina y el Caribe». La adaptación no es una opción: es una necesidad urgente que requiere la coordinación de gobiernos, organismos internacionales, sector privado y sociedad civil. La solidaridad ciudadana, canalizada con transparencia y eficacia, es un complemento esencial que puede salvar vidas y reconstruir comunidades.